El dadá o dadaísmo fue un movimiento antiarte surgido en Zurich (Suiza) en 1916, que se caracterizó por gestos y manifestaciones provocadoras en las que los artistas pretendían destruir todas las convenciones con respecto al arte, creando una especie de anti-arte o rebelión contra el orden establecido.
Dadá se presenta como una ideología total, como una forma de vivir y como un rechazo absoluto de toda tradición o esquema anterior. En el fondo es un antihumanismo entendiendo por humanismo la tradición anterior, tanto filosófica como artística o literaria. No por casualidad en una de sus primeras publicaciones había escrito como cabecera la siguiente frase de Descartes: «No quiero ni siquiera saber si antes de mí hubo otro hombre.»
El movimiento dadaísta es un movimiento antiartístico, antiliterario y antipoético porque cuestionan la existencia del arte, la literatura y la poesía. Por cuestionar cuestionan hasta el propio dadaísmo.
Dadá se manifiesta contra la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica, contra la inmovilidad del pensamiento, contra la pureza de los conceptos abstractos y contra lo universal en general. Propugna, en cambio, la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, lo inmediato, actual y aleatorio, la crónica contra la intemporalidad, la contradicción, el no donde los demás dicen sí y el sí donde los demás dicen no; defiende el caos contra el orden y la imperfección contra la perfección. Por tanto en su rigor negativo también está contra el modernismo, es decir, el expresionismo, el cubismo, el futurismo y el abstraccionismo, acusándolos, en última instancia, de ser sucedáneos de cuanto ha sido destruido o está a punto de serlo. La estética dadá niega la razón, el sentido, la construcción del consciente. Sus formas expresivas son el gesto, el escándalo, la provocación. Para dadá la poesía está en la acción y las fronteras entre arte y vida deben ser abolidas.
La expansión del mensaje dadá fue intensa, amplia y tuvo repercusiones en todos los campos artísticos, En Alemania encontró adeptos entre los intelectuales y artistas que apoyaban el movimiento espartaquista (movimiento revolucionario que intentó una revolución socialista). En Francia ganó las simpatías de escritores como Breton, Louis Aragon y el poeta italiano Ungaretti.
El aporte permanente del dadaísmo al arte moderno es el cuestionamiento continuo de qué sea el arte o qué sea la poesía; la conciencia de que todo es una convención que puede ser cuestionada que por tanto no hay reglas fijas y eternas que legitimen de manera ahistórica lo artístico. Gran parte de lo que el arte actual tiene de provocación viene de dadá, la mezcla de géneros y materias propia del collage también deben mucho a dadá.
En poesía el dadaísmo abre el campo para la llegada del surrealismo y ayuda a crear un lenguaje poético libre y sin límites. Para entender qué es la estética dadá en el mundo de la poesía nada mejor que recoger los consejos que Tzara propone para hacer un poema dadaísta:
Tomad un periódico.
Tomad unas tijeras.
Elegid en el periódico un artículo que tenga la longitud que queráis dar a vuestro poema.
Recortad el artículo.
Recortad con todo cuidado cada palabra de las que forma tal artículo y ponedlas todas en un saquito.
Agitad dulcemente.
Sacad las palabras una detrás de otra, colocándolas en el orden en que salgan.
Copiadlas concienzudamente.
El poema está hecho.
El movimiento dadaísta dejó las revistas y manifiesto que sin duda son la mejor prueba de sus propuestas pero, por definición, no existe una obra dadá. Lo propio del dadaísmo eran las veladas dadá realizadas en cabarets o galerías de arte en la que se mezclaban fotomontajes con frases aisladas, palabras, pancartas, recitales espontáneos y un ceremonial continuo de provocación.
POEMA DE TRISTAN TZARA.
He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor
que esparcirá pétalos sobre tu cuello, mejillas y manos
y hará brotar mañana tus senos -primavera
Me gustan las cejas y tus ojos con destello de metales
y los brazos que ondulan como las serpientes, las olas, el mar
De tu cuerpo quisiera levantar palacios, arquitectónicos jardines
y terrenales paraísos monumentales
Quiero enterrarme en sus tierras cuando me muera
Quiero enterrarme en tu carne cuando me muera
En tu cabello siento el olor de los racimos de naranjas
En tus ojos anublados veo sol y en los labios ganas de comer
Con tus dientes querrás Cortar carne del alma
querrás cambiar las uñas en garras
Quisiera morder tus senos como muerden el pan
Los hambrientos que mendigan monedas en la calle
Quisiera que florecieran en tus miradas jardines arquitectónicos
Alinear tu pensar a los sueños terrenales, mamie.
jueves, 29 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
lunes, 8 de marzo de 2010
Sustantivación de adjetivas.
Las proposiciones adjetivas, siempre van referidas a un antecedente, y si este antecedente desaparece, las subordinadas adjetivas, pasan a ser subordinadas sustantivas.
Cogió los libros que estaban encima de la mesa.(P.Sub.adj.)
Cogió lo que estaba encima de la mesa.(P.Sub.sust.)
Las proposiciones sustantivadas adjetivas realizan la función de las subordinadas sustantivas.
Los nexo de las oraciones adjetivas sustantivadas son los siguientes:
Cogió los libros que estaban encima de la mesa.(P.Sub.adj.)
Cogió lo que estaba encima de la mesa.(P.Sub.sust.)
Las proposiciones sustantivadas adjetivas realizan la función de las subordinadas sustantivas.
Los nexo de las oraciones adjetivas sustantivadas son los siguientes:
- El pronombre relativo que acompañado por un artículo:
Los que llegaban iban tomando asiento. (P. Sub. Sust. --Sujeto) - Los pronombres relativos quien y quienes:
Todos felicitaron a quien había sido premiado (P. Sub. Sust. -- CD) - Los pronombres relativos cuanto, cuanta, cuantos y cuantas:
Dio la noticia a cuantos se hallaban allí (P. Sub. Sust. -- CI)
miércoles, 3 de marzo de 2010
Sevilla.
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
jueves, 18 de febrero de 2010
Antonio Machado
Hoy te escribo en mi celda de viajero,
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte su tristeza planetaria.
¡Oh tarde viva y quieta que opuso
al panta rhei su nada corre,
tarde niña que amaba a su poeta!
¡Y día adolescente
-ojos claros y músculos morenos-,
cuando pensaste a amor, junto a la fuente,
besar tus labios y apresar tus senos!
Todo a esta luz de abril se transparenta;
todo en hoy de ayer, el todavía
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melodía,
que es un coro de tardes y de auroras.
A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte su tristeza planetaria.
¡Oh tarde viva y quieta que opuso
al panta rhei su nada corre,
tarde niña que amaba a su poeta!
¡Y día adolescente
-ojos claros y músculos morenos-,
cuando pensaste a amor, junto a la fuente,
besar tus labios y apresar tus senos!
Todo a esta luz de abril se transparenta;
todo en hoy de ayer, el todavía
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melodía,
que es un coro de tardes y de auroras.
A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.
jueves, 11 de febrero de 2010
Antonio Machado
Antonio Machado(1875-1939)
Poeta y prosista español, perteneciente al movimiento literario conocido como generación del 98. Probablemente sea el poeta de su época que más se lee todavía. Vida Nació en Sevilla y vivió luego en Madrid, donde estudió. En 1893 publicó sus primeros escritos en prosa, mientras que sus primeros poemas aparecieron en 1901. Viajó a París en 1899, ciudad que volvió a visitar en 1902, año en el que conoció a Rubén Darío, del que será gran amigo durante toda su vida. En Madrid, por esas mismas fechas conoció a Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y otros destacados escritores con los que mantuvo una estrecha amistad. Fue catedrático de Francés, y se casó con Leonor Izquierdo, que morirá en 1912. En 1927 fue elegido miembro de la Real Academia Española de la lengua. Durante los años veinte y treinta escribió teatro en compañía de su hermano, también poeta, Manuel, estrenando varias obras entre las que destacan La Lola se va a los puertos, de 1929, y La duquesa de Benamejí, de 1931. Cuando estalló la Guerra Civil española estaba en Madrid. Posteriormente se trasladó a Valencia, y Barcelona, y en enero de 1939 se exilió al pueblo francés de Colliure, donde murió en febrero.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Epopeya.
1. Poema narrativo extenso de tono grandilocuente que relata hechos heroicos realizados por personajes históricos o legendarios:
la epopeya del Cid Campeador es uno de los mejores textos hispánicos.
2.Conjunto de estos poemas, que forman la tradición épica de un pueblo:
la epopeya griega está basada en asuntos mitológicos.
3.Conjunto de hazañas y hechos memorables de una persona o un pueblo:
epopeya nacional, del Descubrimiento.
4.Actividad que se realiza con mucho esfuerzo y tras vencer numerosas dificultades:
la conquista de aquella cima se convirtió en toda una epopeya.
la epopeya del Cid Campeador es uno de los mejores textos hispánicos.
2.Conjunto de estos poemas, que forman la tradición épica de un pueblo:
la epopeya griega está basada en asuntos mitológicos.
3.Conjunto de hazañas y hechos memorables de una persona o un pueblo:
epopeya nacional, del Descubrimiento.
4.Actividad que se realiza con mucho esfuerzo y tras vencer numerosas dificultades:
la conquista de aquella cima se convirtió en toda una epopeya.
lunes, 1 de febrero de 2010
Oraciones subordinadas.
CARACTERÍSTICAS DE LAS ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS
Las oraciones subordinadas sustantivas equivalen a un sustantivo o sintagma nominal, por lo que desempeñan las mismas funciones que éste (sujeto, atributo, CD, término de un sintagma preposicional).
1. Van introducidas por un nexo o un infinitivo.
2. Son conmutables por un sustantivo. Pero como no siempre es posible la sustitución, se recomienda conmutarlas por un pronombre demostrativo neutro: ESTO, ESO, AQUELLO.
PUEDEN IR INTRODUCIDAS POR...
UN NEXO:
El nexo puede ser una conjunción (que, si):
Me sorprende que bebas tanto (Sujeto)
O las formas interrogativas (qué, quién, cuándo, cómo, dónde...).
Dime qué estás bebiendo. (CD)
UN INFINITIVO :
Me disgusta hablar en público. (Sujeto)
SUJETO:
Es necesario que sientes la cabeza.
Es (=ocurre, sucede) que no me da la gana.
Se ignora si ha llegado el paquete a destino.
Soportar el calor es una verdadera penitencia.
CD (Complemento Directo):
El portavoz del gobierno anunció: "Subirán los impuestos indirectos".
Me comunicó que vendría tarde.
Dime si llego a tiempo.
Confiesa cómo lo hiciste.
Aclárame cuánto te ha costado.
CI (Complemento Indirecto):
El guitarrista le dedica mucho tiempo a ensayar.
ATRIBUTO:
Mi intención es aprobar en junio.
Mi meta es que aprendáis las estructuras sintácticas.
CRV (Complemento de Régimen Verbal):
Siempre se queja de que no la escuchan.
Habló de vender su colección de sellos.
CN (Complemento del nombre):
No hay esperanzas de que aparezcan vivos.
Persigue una única meta: triunfar en su profesión.
CAdj (Complemento del adjetivo):
Andrés está seguro de que no le concederán la beca.
Estoy feliz de volver a veros.
CAdv (Complemento del adverbio):
Anduvo cerca de que lo pillaran.
Estoy muy lejos de creer esas historias.
OBSERVACIONES
1. Las formas interrogativas además de nexo, desempeñan una función sintáctica dentro de la proposición sustantiva:
PASO 1:
No sé [qué pretendes].
No sé [ESTO] = no lo sé (Oración subordinada sustantiva CD)
PASO 2:
[qué pretendes] = (Tú) pretendes esto
[qué= ESTO= CD].
2. En las oraciones en las que el nexo o infinitivo va precedido de preposición, ésta forma parte de la subordinada sólo si entra dentro de la secuencia conmutada por el pronombre demostrativo neutro:
Estoy cansada de [repetir siempre lo mismo] = Estoy cansada de ESTO.
Dime [a quién estás esperando] = Dime ESTO.
Las oraciones subordinadas sustantivas equivalen a un sustantivo o sintagma nominal, por lo que desempeñan las mismas funciones que éste (sujeto, atributo, CD, término de un sintagma preposicional).
1. Van introducidas por un nexo o un infinitivo.
2. Son conmutables por un sustantivo. Pero como no siempre es posible la sustitución, se recomienda conmutarlas por un pronombre demostrativo neutro: ESTO, ESO, AQUELLO.
PUEDEN IR INTRODUCIDAS POR...
UN NEXO:
El nexo puede ser una conjunción (que, si):
Me sorprende que bebas tanto (Sujeto)
O las formas interrogativas (qué, quién, cuándo, cómo, dónde...).
Dime qué estás bebiendo. (CD)
UN INFINITIVO :
Me disgusta hablar en público. (Sujeto)
SUJETO:
Es necesario que sientes la cabeza.
Es (=ocurre, sucede) que no me da la gana.
Se ignora si ha llegado el paquete a destino.
Soportar el calor es una verdadera penitencia.
CD (Complemento Directo):
El portavoz del gobierno anunció: "Subirán los impuestos indirectos".
Me comunicó que vendría tarde.
Dime si llego a tiempo.
Confiesa cómo lo hiciste.
Aclárame cuánto te ha costado.
CI (Complemento Indirecto):
El guitarrista le dedica mucho tiempo a ensayar.
ATRIBUTO:
Mi intención es aprobar en junio.
Mi meta es que aprendáis las estructuras sintácticas.
CRV (Complemento de Régimen Verbal):
Siempre se queja de que no la escuchan.
Habló de vender su colección de sellos.
CN (Complemento del nombre):
No hay esperanzas de que aparezcan vivos.
Persigue una única meta: triunfar en su profesión.
CAdj (Complemento del adjetivo):
Andrés está seguro de que no le concederán la beca.
Estoy feliz de volver a veros.
CAdv (Complemento del adverbio):
Anduvo cerca de que lo pillaran.
Estoy muy lejos de creer esas historias.
OBSERVACIONES
1. Las formas interrogativas además de nexo, desempeñan una función sintáctica dentro de la proposición sustantiva:
PASO 1:
No sé [qué pretendes].
No sé [ESTO] = no lo sé (Oración subordinada sustantiva CD)
PASO 2:
[qué pretendes] = (Tú) pretendes esto
[qué= ESTO= CD].
2. En las oraciones en las que el nexo o infinitivo va precedido de preposición, ésta forma parte de la subordinada sólo si entra dentro de la secuencia conmutada por el pronombre demostrativo neutro:
Estoy cansada de [repetir siempre lo mismo] = Estoy cansada de ESTO.
Dime [a quién estás esperando] = Dime ESTO.
domingo, 17 de enero de 2010
¿CÓMO COMENTAR UN TEXTO LITERARIO?
1. Introducción
En la actualidad llamamos literatura al arte cuyo material es el lenguaje y al conjunto de obras específicamente literarias. Desde que se inventó la escritura ésta ha sido el vehículo idóneo de la transmisión literaria.
La Poética o Ciencia de la literatura es aquella que tiene por objeto la fundamentación teórica de los estudios literarios. Una de las disciplinas que forman parte de esta ciencia es la Crítica literaria que analiza los elementos formales y temáticos de los textos desde un punto de vista sincrónico, valiéndose de la técnica del Comentario de textos.
2. El comentario de textos literario
Para comentar un texto literario hay que analizar conjuntamente lo que el texto dice y cómo lo dice. Estos dos aspectos no pueden separarse, pues, como opina el profesor Lázaro Carreter: "No puede negarse que en todo escrito se dice algo (fondo) mediante palabras (forma). Pero eso no implica que forma y fondo puedan separarse. Separarlos para su estudio sería tan absurdo como deshacer un tapiz para comprender su trama: obtendríamos como resultado un montón informe de hilos".
Consejos para hacer un buen comentario de textos literario
• Consultar previamente los datos de la historia literaria que se relacionan con el texto (época, autor, obra…)
• Evitar parafrasear el texto, es decir, repetir las mismas ideas a las que éste se refiere, pero de forma ampliada.
• Leer despacio, sin ideas prefijadas, intentando descubrir lo que el autor quiso expresar.
• Delimitar con precisión lo que el texto dice.
• Intentar descubrir cómo lo dice.
• Concebir el texto como una unidad en la que todo está relacionado; buscar todas las relaciones posibles entre el fondo y la forma del texto.
• Seguir un orden preciso en la explicación que no olvide ninguno de los aspectos esenciales.
• Expresarse con claridad, evitar los comentarios superfluos o excesivamente subjetivos.
• Ceñirse al texto: no usarlo como pretexto para referirse a otros temas ajenos a él.
• Ser sincero en el juicio crítico. No temer expresar la propia opinión sobre el texto, fundamentada en los aspectos parciales que se hayan ido descubriendo.
Así pues, comentar un texto consiste en relacionar de forma clara y ordenada el fondo y la forma de ese texto y descubrir lo que el autor del mismo quiso decirnos. Puede haber, por tanto, distintas explicaciones válidas de un mismo texto, dependiendo de la cultura, la sensibilidad o los intereses de los lectores que lo realizan.
Para llevar a cabo el análisis conviene seguir un método, establecer una serie de fases o etapas en el comentario que nos permitan una explicación lo más completa posible del texto.
2.1. Etapa previa: Lectura comprensiva y localización del texto
La comprensión del texto.
La etapa previa a cualquier comentario consiste en realizar una lectucra rigurosa que nos permita entender tanto el texto completo como cada una de las partes que lo forman. Para ello lo leeremos cuantas veces sean necesarias, intentando solucionar las dificultades que nos plantea. En esta fase será necesario utilizar diccionarios, gramáticas y otros libros de consulta.
La localización del texto.
Los textos pueden ser fragmentos u obras íntegras, y, por lo general, pertenecen a un autor que ha escrito otras obras a lo largo de su vida. Por eso es imprescindible localizar el texto que se comenta, es decir identificar algunos datos externos como los siguientes:
• Autor, obra, fecha, periodo.
• Relación del texto con su contexto histórico.
• Características generales de la época, movimiento literario al que pertenece el texto. Relación con otros movimientos artísticos y culturales del momento.
• Características de la personalidad del autor que se reflejan en el texto.
• Relación de esa obra con el resto de la producción del autor.
• Situación del fragmento analizado respecto a la totalidad de la obra.
El género literario y la forma de expresión
Es importante delimitar el género y subgénero literario al que pertenece el texto, señalando aquellos aspectos en los que el autor sigue los rasgos propios del género y aquellos otros en los que muestra cierta originalidad o innovación.
Los textos pueden pertenecer a los más diversos géneros literarios:
• Géneros épico- narrativos como: Epopeya, Cantar de gesta, Romance, Novela, Cuento, Leyenda, Cuadro de costumbres…
• Géneros líricos como: Oda, Canción, Elegía, Romance lírico, Epigrama, Balada, Villancico, Serranilla…
• Géneros dramáticos como: Tragedia, Comedia, Drama, Tragicomedia, Auto Sacramental, Paso, Entremés, Jácara, Loa, Baile, Mojiganga, Sainete…
• Géneros didáctico ensayísticos como: Epístola, Fábula, Ensayo, Artículo…
En este apartado conviene analizar:
• El género y subgénero del texto. Rasgos generales.
• Aspectos originales
• Forma de expresión utilizada por el autor: narración, descripción, diálogo…
• Prosa o verso y peculiaridades del texto derivadas de ello.
2.2. Análisis del contenido
En esta fase deben analizarse el argumento, el tema o idea central que el autor nos quiere transmitir, su punto de vista y la forma en que estructura el mensaje.
•Para hallar el argumento preguntaremos: ¿Qué ocurre?
•Para delimitar el tema: ¿Cuál es la idea básica que ha querido transmitir el autor del texto?.
•Para analizar la estructura: ¿Cómo organiza el autor lo que quiere decir en unidades coherentes relacionadas entre sí?
•Para descubrir la postura del autor: ¿De qué forma interviene el autor en el texto?
Argumento y tema
Hallar el argumento de un texto es seleccionar las acciones o acontecimientos esenciales y reducir su extensión conservando los detalles más importantes. El argumento puede desarrollarse en uno o dos párrafos.
Si del argumento eliminamos todos los detalles y definimos la intención del autor, lo que quiso decir al escribir el texto, estaremos extrayendo el tema. Este ha de ser breve y conciso: se reducirá a una o dos frases.
Al analizar el tema de un texto habrá que señalar también los tópicos y motivos literarios que puedan aparecer en el texto: locus amoenus, beatus ille, etc…
La estructura del texto
Si nos detenemos en la forma en que el autor ha compuesto el texto y en cómo las distintas partes del mismo se relacionan entre sí, estaremos analizando la estructura.
Para hallar la estructura de un texto hay que delimitar en primer lugar sus núcleos estructurales. Estos pueden estar divididos a su vez en subnúcleos. Además, hay que determinar las relaciones que se establecen entre ellos.
El esquema estructural clásico es el de introducción desarrollo, climax y desenlace, pero los textos pueden organizarse de otras formas:
• La disposición lineal: los elementos aparecen uno detrás de otro hasta el final.
• La disposición convergente: todos los elementos convergen en la conclusión
• La estructura dispersa: los elementos no tienen aparentemente una estructura definida, ésta puede llegar a ser caótica .
• La estructura abierta y aditiva: los elementos se añaden unos a otros y se podría seguir añadiendo más.
• La estructura cerrada, contraria a la anterior, etc.
Postura del autor en el texto y punto de vista
El contexto
El contexto es el ámbito de referencia de un texto. ¿Qué entiendo por ámbito de referencia?. Todo aquello a lo que puede hacer referencia un texto: la cultura, la realidad circundante, las ideologías, las convenciones sociales, las normas éticas, etc.
Pero no es lo mismo el contexto en que se produce un texto que el contexto en el que se interpreta. Si nos ceñimos a los textos literarios escritos, como mínimo cabe distinguir entre el contexto del autor y el contexto del receptor. Sin duda el ámbito de referencia de un autor al escribir su obra es distinto del ámbito de referencia del receptor; la cultura del autor, su conocimiento de la realidad circundante, su mentalidad, sus costumbres, no suelen coincidir con la cultura, el conocimiento de la realidad, la mentalidad o las costumbres de sus lectores. Más aún, no es posible hablar de los lectores como una entidad abstracta, porque son seres individuales, cuyos contextos son asimismo diferentes, por muy pequeña que sea la diferencia.
En este apartado se comentará el modo en que el autor interviene en el texto. Éste puede adoptar una postura objetiva o subjetiva, realista o fantástica, seria o irónica…etc.
Hay que analizar también desde dónde relata la historia (desde afuera, desde arriba, etc.), si aparece o no el narrador y qué punto de vista adopta: tercera persona omnisciente, tercera persona observadora, primera persona protagonista, primera persona testigo, etc.
Tipos de narrador
• Tercera persona limitada: el narrador se refiere a los personajes en tercera persona, pero sólo describe lo que puede ser visto, oído o pensado por un solo personaje.
• Tercera persona omnisciente: el narrador describe todo lo que los personajes ven, sienten, oyen… y los hechos que no han sido presenciados por ningún personaje.
• Tercera persona observadora: el narrador cuenta los hechos de los que es testigo como si los contemplara desde fuera, no puede describir el interior de los personajes.
• Primera persona central: El narrador adopta el punto de vista del protagonista que cuenta su historia en primera persona.
• Primera persona periférica: el narrador adopta el punto de vista de un personaje secundario que narra en primera persona la vida del protagonista.
• Primera persona testigo: un testigo de la acción que no participa en ella narra en primera persona los acontecimientos.
• Segunda persona narrativa: El narrador habla en segunda persona con lo que se produce un diálogo-monólogo del proatagonista consigo mismo.
2.3. Análisis de la forma
Hemos visto como el fondo y la forma de un texto están íntimamente unidos. Por eso en esta fase del comentario se ha de poner al descubierto cómo cada rasgo formal responde, en realidad, a una exigencia del tema. En este apartado habremos de analizar:
El análisis del lenguaje literario
Nos detendremos en el uso que el autor hace de las diferentes figuras retóricas y con qué intención, relacionándolo en todo momento con el tema del texto.
El análisis métrico de los textos en verso
Ritmo, medida, rima, pausas, encabalgamientos, tipos de versos y estrofas utilizadas, etc.
La exposición de las peculiaridades linguísticas del texto
• Plano fónico: se analizarán las peculiaridades ortográficas, fonéticas y gráficas del texto que tengan valor expresivo.
• Plano morfosintáctico: se prestará atención a aspectos como los siguientes: acumulación de elementos de determinadas categorías gramaticales (sustantivos, adjetivos, etc.); uso con valor expresivo de diminutivos y aumentativos, y de los grados del adjetivo; presencia de términos en aposición; utilización de los distintos tiempos verbales; alteraciones del orden sintáctico; predominio de determinadas estructuras oracionales…
• Plano semántico: se analizará el léxico utilizado por el autor, la presencia de términos homonímicos, polisémicos, sinónimos, antónimos, etc; y los valores connotativos del texto.
2.4. El texto como comunicación
Los lectores de textos literarios solemos detenernos en la interpretación de los matices significativos que adquieren ciertas palabras o expresiones en los contextos en que aparecen, porque estimamos que el autor lo ha escrito así con una intención determinada. Otra cosa es que demos precisamente con la clave de esa intención comunicativa del autor; a menudo será punto menos que imposible. Imaginemos la interpretación de un texto literario medieval; averiguar exactamente lo que quiso decir el autor requeriría una reconstrucción arqueológica de la época y el lugar en el que fue escrito el texto, una reconstrucción de la cultura que tenía el autor y aun de la que tenían los lectores a quienes se dirigía.
Es posible, en cambio, que indaguemos la intención comunicativa del texto, porque, como lectores, proporcionamos vida al texto cuando lo leemos; si no, sería un libro cerrado, muerto. La intención comunicativa del texto es aquella que el lector obtiene del texto, lo que a él le comunica
Una de las características básicas de la comunicación literaria es la separación que existe entre el emisor y el receptor de la obra. El emisor es el autor, pieza fundamental de la comunicación literaria, pues es quien enuncia el mensaje. El significado de un texto depende, en primer lugar, de la intención de su autor que, a la hora de escribir está influenciado por su sistema de creencias y el contexto histórico social al que pertenece, entre otros condicionamientos. El receptor es el lector de la obra. Cada lector hace "su propia lectura", según sus características personales y el contexto histórico social al que pertenece. Así pues, al analizar el texto como comunicación habrá que atender a los siguientes aspectos:
• Funciones del lenguaje que predominan en el texto. Actitud del autor ante el lector: ¿Se dirige directamente a él?
• Reacción que la lectura provoca en nosotros como lectores: emoción, identificación, rechazo, etc.
• Intención comunicativa dominante en el texto: informativa, persuasiva, lúdica…
• Posición del autor ante el sistema de valores de su época.
2.5. Juicio crítico
En este apartado se trata de hacer balance de todas las observaciones que hemos ido anotando a lo largo del comentario y expresar de forma sincera, modesta y firme nuestra impresión personal sobre el texto:
• Resumen de los aspectos más relevantes analizados en el comentario.
• Opinión personal.
En la actualidad llamamos literatura al arte cuyo material es el lenguaje y al conjunto de obras específicamente literarias. Desde que se inventó la escritura ésta ha sido el vehículo idóneo de la transmisión literaria.
La Poética o Ciencia de la literatura es aquella que tiene por objeto la fundamentación teórica de los estudios literarios. Una de las disciplinas que forman parte de esta ciencia es la Crítica literaria que analiza los elementos formales y temáticos de los textos desde un punto de vista sincrónico, valiéndose de la técnica del Comentario de textos.
2. El comentario de textos literario
Para comentar un texto literario hay que analizar conjuntamente lo que el texto dice y cómo lo dice. Estos dos aspectos no pueden separarse, pues, como opina el profesor Lázaro Carreter: "No puede negarse que en todo escrito se dice algo (fondo) mediante palabras (forma). Pero eso no implica que forma y fondo puedan separarse. Separarlos para su estudio sería tan absurdo como deshacer un tapiz para comprender su trama: obtendríamos como resultado un montón informe de hilos".
Consejos para hacer un buen comentario de textos literario
• Consultar previamente los datos de la historia literaria que se relacionan con el texto (época, autor, obra…)
• Evitar parafrasear el texto, es decir, repetir las mismas ideas a las que éste se refiere, pero de forma ampliada.
• Leer despacio, sin ideas prefijadas, intentando descubrir lo que el autor quiso expresar.
• Delimitar con precisión lo que el texto dice.
• Intentar descubrir cómo lo dice.
• Concebir el texto como una unidad en la que todo está relacionado; buscar todas las relaciones posibles entre el fondo y la forma del texto.
• Seguir un orden preciso en la explicación que no olvide ninguno de los aspectos esenciales.
• Expresarse con claridad, evitar los comentarios superfluos o excesivamente subjetivos.
• Ceñirse al texto: no usarlo como pretexto para referirse a otros temas ajenos a él.
• Ser sincero en el juicio crítico. No temer expresar la propia opinión sobre el texto, fundamentada en los aspectos parciales que se hayan ido descubriendo.
Así pues, comentar un texto consiste en relacionar de forma clara y ordenada el fondo y la forma de ese texto y descubrir lo que el autor del mismo quiso decirnos. Puede haber, por tanto, distintas explicaciones válidas de un mismo texto, dependiendo de la cultura, la sensibilidad o los intereses de los lectores que lo realizan.
Para llevar a cabo el análisis conviene seguir un método, establecer una serie de fases o etapas en el comentario que nos permitan una explicación lo más completa posible del texto.
2.1. Etapa previa: Lectura comprensiva y localización del texto
La comprensión del texto.
La etapa previa a cualquier comentario consiste en realizar una lectucra rigurosa que nos permita entender tanto el texto completo como cada una de las partes que lo forman. Para ello lo leeremos cuantas veces sean necesarias, intentando solucionar las dificultades que nos plantea. En esta fase será necesario utilizar diccionarios, gramáticas y otros libros de consulta.
La localización del texto.
Los textos pueden ser fragmentos u obras íntegras, y, por lo general, pertenecen a un autor que ha escrito otras obras a lo largo de su vida. Por eso es imprescindible localizar el texto que se comenta, es decir identificar algunos datos externos como los siguientes:
• Autor, obra, fecha, periodo.
• Relación del texto con su contexto histórico.
• Características generales de la época, movimiento literario al que pertenece el texto. Relación con otros movimientos artísticos y culturales del momento.
• Características de la personalidad del autor que se reflejan en el texto.
• Relación de esa obra con el resto de la producción del autor.
• Situación del fragmento analizado respecto a la totalidad de la obra.
El género literario y la forma de expresión
Es importante delimitar el género y subgénero literario al que pertenece el texto, señalando aquellos aspectos en los que el autor sigue los rasgos propios del género y aquellos otros en los que muestra cierta originalidad o innovación.
Los textos pueden pertenecer a los más diversos géneros literarios:
• Géneros épico- narrativos como: Epopeya, Cantar de gesta, Romance, Novela, Cuento, Leyenda, Cuadro de costumbres…
• Géneros líricos como: Oda, Canción, Elegía, Romance lírico, Epigrama, Balada, Villancico, Serranilla…
• Géneros dramáticos como: Tragedia, Comedia, Drama, Tragicomedia, Auto Sacramental, Paso, Entremés, Jácara, Loa, Baile, Mojiganga, Sainete…
• Géneros didáctico ensayísticos como: Epístola, Fábula, Ensayo, Artículo…
En este apartado conviene analizar:
• El género y subgénero del texto. Rasgos generales.
• Aspectos originales
• Forma de expresión utilizada por el autor: narración, descripción, diálogo…
• Prosa o verso y peculiaridades del texto derivadas de ello.
2.2. Análisis del contenido
En esta fase deben analizarse el argumento, el tema o idea central que el autor nos quiere transmitir, su punto de vista y la forma en que estructura el mensaje.
•Para hallar el argumento preguntaremos: ¿Qué ocurre?
•Para delimitar el tema: ¿Cuál es la idea básica que ha querido transmitir el autor del texto?.
•Para analizar la estructura: ¿Cómo organiza el autor lo que quiere decir en unidades coherentes relacionadas entre sí?
•Para descubrir la postura del autor: ¿De qué forma interviene el autor en el texto?
Argumento y tema
Hallar el argumento de un texto es seleccionar las acciones o acontecimientos esenciales y reducir su extensión conservando los detalles más importantes. El argumento puede desarrollarse en uno o dos párrafos.
Si del argumento eliminamos todos los detalles y definimos la intención del autor, lo que quiso decir al escribir el texto, estaremos extrayendo el tema. Este ha de ser breve y conciso: se reducirá a una o dos frases.
Al analizar el tema de un texto habrá que señalar también los tópicos y motivos literarios que puedan aparecer en el texto: locus amoenus, beatus ille, etc…
La estructura del texto
Si nos detenemos en la forma en que el autor ha compuesto el texto y en cómo las distintas partes del mismo se relacionan entre sí, estaremos analizando la estructura.
Para hallar la estructura de un texto hay que delimitar en primer lugar sus núcleos estructurales. Estos pueden estar divididos a su vez en subnúcleos. Además, hay que determinar las relaciones que se establecen entre ellos.
El esquema estructural clásico es el de introducción desarrollo, climax y desenlace, pero los textos pueden organizarse de otras formas:
• La disposición lineal: los elementos aparecen uno detrás de otro hasta el final.
• La disposición convergente: todos los elementos convergen en la conclusión
• La estructura dispersa: los elementos no tienen aparentemente una estructura definida, ésta puede llegar a ser caótica .
• La estructura abierta y aditiva: los elementos se añaden unos a otros y se podría seguir añadiendo más.
• La estructura cerrada, contraria a la anterior, etc.
Postura del autor en el texto y punto de vista
El contexto
El contexto es el ámbito de referencia de un texto. ¿Qué entiendo por ámbito de referencia?. Todo aquello a lo que puede hacer referencia un texto: la cultura, la realidad circundante, las ideologías, las convenciones sociales, las normas éticas, etc.
Pero no es lo mismo el contexto en que se produce un texto que el contexto en el que se interpreta. Si nos ceñimos a los textos literarios escritos, como mínimo cabe distinguir entre el contexto del autor y el contexto del receptor. Sin duda el ámbito de referencia de un autor al escribir su obra es distinto del ámbito de referencia del receptor; la cultura del autor, su conocimiento de la realidad circundante, su mentalidad, sus costumbres, no suelen coincidir con la cultura, el conocimiento de la realidad, la mentalidad o las costumbres de sus lectores. Más aún, no es posible hablar de los lectores como una entidad abstracta, porque son seres individuales, cuyos contextos son asimismo diferentes, por muy pequeña que sea la diferencia.
En este apartado se comentará el modo en que el autor interviene en el texto. Éste puede adoptar una postura objetiva o subjetiva, realista o fantástica, seria o irónica…etc.
Hay que analizar también desde dónde relata la historia (desde afuera, desde arriba, etc.), si aparece o no el narrador y qué punto de vista adopta: tercera persona omnisciente, tercera persona observadora, primera persona protagonista, primera persona testigo, etc.
Tipos de narrador
• Tercera persona limitada: el narrador se refiere a los personajes en tercera persona, pero sólo describe lo que puede ser visto, oído o pensado por un solo personaje.
• Tercera persona omnisciente: el narrador describe todo lo que los personajes ven, sienten, oyen… y los hechos que no han sido presenciados por ningún personaje.
• Tercera persona observadora: el narrador cuenta los hechos de los que es testigo como si los contemplara desde fuera, no puede describir el interior de los personajes.
• Primera persona central: El narrador adopta el punto de vista del protagonista que cuenta su historia en primera persona.
• Primera persona periférica: el narrador adopta el punto de vista de un personaje secundario que narra en primera persona la vida del protagonista.
• Primera persona testigo: un testigo de la acción que no participa en ella narra en primera persona los acontecimientos.
• Segunda persona narrativa: El narrador habla en segunda persona con lo que se produce un diálogo-monólogo del proatagonista consigo mismo.
2.3. Análisis de la forma
Hemos visto como el fondo y la forma de un texto están íntimamente unidos. Por eso en esta fase del comentario se ha de poner al descubierto cómo cada rasgo formal responde, en realidad, a una exigencia del tema. En este apartado habremos de analizar:
El análisis del lenguaje literario
Nos detendremos en el uso que el autor hace de las diferentes figuras retóricas y con qué intención, relacionándolo en todo momento con el tema del texto.
El análisis métrico de los textos en verso
Ritmo, medida, rima, pausas, encabalgamientos, tipos de versos y estrofas utilizadas, etc.
La exposición de las peculiaridades linguísticas del texto
• Plano fónico: se analizarán las peculiaridades ortográficas, fonéticas y gráficas del texto que tengan valor expresivo.
• Plano morfosintáctico: se prestará atención a aspectos como los siguientes: acumulación de elementos de determinadas categorías gramaticales (sustantivos, adjetivos, etc.); uso con valor expresivo de diminutivos y aumentativos, y de los grados del adjetivo; presencia de términos en aposición; utilización de los distintos tiempos verbales; alteraciones del orden sintáctico; predominio de determinadas estructuras oracionales…
• Plano semántico: se analizará el léxico utilizado por el autor, la presencia de términos homonímicos, polisémicos, sinónimos, antónimos, etc; y los valores connotativos del texto.
2.4. El texto como comunicación
Los lectores de textos literarios solemos detenernos en la interpretación de los matices significativos que adquieren ciertas palabras o expresiones en los contextos en que aparecen, porque estimamos que el autor lo ha escrito así con una intención determinada. Otra cosa es que demos precisamente con la clave de esa intención comunicativa del autor; a menudo será punto menos que imposible. Imaginemos la interpretación de un texto literario medieval; averiguar exactamente lo que quiso decir el autor requeriría una reconstrucción arqueológica de la época y el lugar en el que fue escrito el texto, una reconstrucción de la cultura que tenía el autor y aun de la que tenían los lectores a quienes se dirigía.
Es posible, en cambio, que indaguemos la intención comunicativa del texto, porque, como lectores, proporcionamos vida al texto cuando lo leemos; si no, sería un libro cerrado, muerto. La intención comunicativa del texto es aquella que el lector obtiene del texto, lo que a él le comunica
Una de las características básicas de la comunicación literaria es la separación que existe entre el emisor y el receptor de la obra. El emisor es el autor, pieza fundamental de la comunicación literaria, pues es quien enuncia el mensaje. El significado de un texto depende, en primer lugar, de la intención de su autor que, a la hora de escribir está influenciado por su sistema de creencias y el contexto histórico social al que pertenece, entre otros condicionamientos. El receptor es el lector de la obra. Cada lector hace "su propia lectura", según sus características personales y el contexto histórico social al que pertenece. Así pues, al analizar el texto como comunicación habrá que atender a los siguientes aspectos:
• Funciones del lenguaje que predominan en el texto. Actitud del autor ante el lector: ¿Se dirige directamente a él?
• Reacción que la lectura provoca en nosotros como lectores: emoción, identificación, rechazo, etc.
• Intención comunicativa dominante en el texto: informativa, persuasiva, lúdica…
• Posición del autor ante el sistema de valores de su época.
2.5. Juicio crítico
En este apartado se trata de hacer balance de todas las observaciones que hemos ido anotando a lo largo del comentario y expresar de forma sincera, modesta y firme nuestra impresión personal sobre el texto:
• Resumen de los aspectos más relevantes analizados en el comentario.
• Opinión personal.
martes, 1 de diciembre de 2009
Un repaso de siglas.
1. Se llama sigla tanto a la palabra formada por las iniciales de los términos que integran una denominación compleja, como a cada una de esas letras iniciales. Las siglas se utilizan para referirse de forma abreviada a organismos, instituciones, empresas, objetos, sistemas, asociaciones, etc.
2. Tipos de siglas según su lectura
a) Hay siglas que se leen tal como se escriben, las cuales reciben también el nombre de acrónimos: ONU, OTAN, láser, ovni. Muchas de estas siglas acaban incorporándose como sustantivos al léxico común. Cuando una sigla está compuesta solo por vocales, cada una de ellas se pronuncia de manera independiente y conserva su acento fonético: OEA (Organización de Estados Americanos) se pronuncia [ó-é-á].
b) Hay siglas cuya forma impronunciable obliga a leerlas con deletreo: FBI [éfe-bé-í], DDT [dé-dé-té], KGB [ká-jé-bé]. Integrando las vocales necesarias para su pronunciación, se crean a veces, a partir de estas siglas, nuevas palabras: elepé (de LP, sigla del ingl. long play ‘larga duración’).
c) Hay siglas que se leen combinando ambos métodos: CD-ROM [se-de-rrón, ze-de-rrón] (sigla del ingl. Compact Disc Read-Only Memory ‘disco compacto de solo lectura’). También en este caso pueden generarse palabras a partir de la sigla: cederrón.
3. Plural. Aunque en la lengua oral tienden a tomar marca de plural ([oenejés] = ‘organizaciones no gubernamentales’), son invariables en la escritura: las ONG; por ello, cuando se quiere aludir a varios referentes es recomendable introducir la sigla con determinantes que indiquen pluralidad: Representantes de algunas/varias/numerosas ONG se reunieron en Madrid. Debe evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas añadiendo al final una s minúscula, precedida o no de apóstrofo: CD’s, ONGs.
4. Género. Las siglas adoptan el género de la palabra que constituye el núcleo de la expresión abreviada, que normalmente ocupa el primer lugar en la denominación: el FMI, por el «Fondo» Monetario Internacional; la OEA, por la «Organización» de Estados Americanos; la Unesco, por la United Nations Educational, Scientific and Cultural «Organization» (‘Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura’). Las siglas son una excepción a la regla que obliga a utilizar la forma el del artículo cuando la palabra femenina que sigue comienza por /a/ tónica; así, se dice la AFE (y no el AFE), por «Asociación» de Futbolistas Españoles, ya que la palabra asociación no comienza por /a/ tónica.
5. Ortografía
a) Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación. Solo se escribe punto tras las letras que componen las siglas cuando van integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: memoria anual del c.s.i.c.
b) Las siglas presentan normalmente en mayúscula todas las letras que las componen (OCDE, DNI, ISO) y, en ese caso, no llevan nunca tilde; así, CIA (del ingl. Central Intelligence Agency) se escribe sin tilde, a pesar de pronunciarse [sía, zía], con un hiato que exigiría acentuar gráficamente la i. Las siglas que se pronuncian como se escriben, esto es, los acrónimos, se escriben solo con la inicial mayúscula si se trata de nombres propios y tienen más de cuatro letras: Unicef, Unesco; o con todas sus letras minúsculas, si se trata de nombres comunes: uci, ovni, sida. Los acrónimos que se escriben con minúsculas sí deben someterse a las reglas de acentuación gráfica: láser.
c) Si los dígrafos ch y ll forman parte de una sigla, va en mayúscula el primer carácter y en minúscula el segundo: PCCh, sigla de Partido Comunista de China.
d) Se escriben en cursiva las siglas que corresponden a una denominación que debe aparecer en este tipo de letra cuando se escribe completa; esto ocurre, por ejemplo, con las siglas de títulos de obras o de publicaciones periódicas: DHLE, sigla de Diccionario histórico de la lengua española; RFE, sigla de Revista de Filología Española.
e) Las siglas escritas en mayúsculas nunca deben dividirse con guion de final de línea.
6. Hispanización de las siglas. Siempre que sea posible, se hispanizarán las siglas: OTAN, y no NATO; ONU, y no UNO. Solo en casos de difusión general de la sigla extranjera y dificultad para hispanizarla, o cuando se trate de nombres comerciales, se mantendrá la forma original: Unesco, sigla de United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization; CD-ROM, sigla de Compact Disc Read-Only Memory; IBM, sigla de International Business Machines. Tampoco deben hispanizarse las siglas de realidades que se circunscriben a un país extranjero, sin correspondencia en el propio: IRA, sigla de Irish Republic Army; KGB, sigla de Komitet Gosudárstvennoy Bezopásnosti. La primera vez que se emplea una sigla en un texto, y salvo que sea de difusión tan generalizada que se sepa fácilmente interpretable por la inmensa mayoría de los lectores, es conveniente poner a continuación, y entre paréntesis, el nombre completo al que reemplaza y, si es una sigla extranjera, su traducción o equivalencia: DEA (Drug Enforcement Administration, departamento estadounidense de lucha contra las drogas); o bien escribir primero la traducción o equivalencia, poniendo después la sigla entre paréntesis: la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU).
7. Lectura. Las siglas se leen sin restablecer la expresión a la que reemplazan, siguiendo el procedimiento que requiera su forma: lectura silábica, deletreo o lectura mixta.
8. Las siglas suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo cuando se desea facilitar su pronunciación, convirtiéndolas en acrónimos
(Fuente: Diccionario panhispánico de dudas)
ABREVIATURAS
Una abreviatura es la representación escrita de una palabra mediante la supresión de letras finales o centrales, y que suele cerrarse con punto para indicar que la palabra no está completa. Ejemplos: afmo. por afectísimo; Dir.a por directora; íd. por ídem; SS. MM. por Sus Majestades; D. por don.
Las abreviaturas sirven para economizar espacio y al deseo de escribir con mayor rapidez. Las más corrientes son signos arbitrarios o las propias letras iniciales de las palabras que se abrevian.
Una abreviatura es la representación escrita de una palabra mediante la supresión de letras finales o centrales, y que suele cerrarse con punto para indicar que la palabra no está completa. Ejemplos: afmo. por afectísimo; Dir.a por directora; íd. por ídem; SS. MM. por Sus Majestades; D. por don.
Las abreviaturas sirven para economizar espacio y al deseo de escribir con mayor rapidez. Las más corrientes son signos arbitrarios o las propias letras iniciales de las palabras que se abrevian.
DIFERENCIA ENTRE SIGLAS Y ABREVIATURAS
Una abreviatura consta de más de un elemento y debe colocarse un punto después de cada uno de ellos, y un espacio en blanco entre ellos. En cambio las siglas suelen escribirse sin punto entre las letras, y solo en el caso de ir integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: MEMORIA ANUAL DEL C.S.I.C., se hace sin dejar espacio.
En las siglas se pronuncian, generalmente, lo que está escrito, las letras o sílabas que las componen. Ejemplos: (ONU, RENFE). En las abreviaturas se lee la palabra entera. Ejemplo: etc. [ekzétera] Para decirlo más claro, mientras la lectura de las abreviaturas pronunciamos la palabra completa sin abreviar, las siglas pueden pronunciarse deletreando cada una de las siglas que la componen. Ejemplo: CFC (clorofluorocarbono) se lee [cé-éfe-cé] Así pues, las abreviaturas son palabras acortadas; pero las siglas son palabras completas tanto en la escritura como en el habla.
Una diferencia a destacar es que cuando la sigla no es pronunciable, se deletrea (NBA [éne-bé-á]). Sin embargo, no ocurre igual con las abreviaturas, así en la abreviatura de Estados Unidos de América (EE. por Estados y UU. por Unidos) no leemos como [É – É – Ú – Ú], sino que simplemente lo traducimos como Estados Unidos. En cambio las siglas no las traducimos sino las interpretamos tal y como están escritas, como en el caso de la URSS, que es una sigla y lo leemos como [ú-érre-ése-ése] Otros ejemplos: C.P., la traducimos directamente como [código postal], y no la leemos como [cé-pé]; c.c. lo traducimos como [cuenta corriente] no [cé-cé]
Otra diferencia importante es que las siglas y los acrónimos son formas fijas e invariables, no llevan tilde, las abreviaturas, sí. Ejemplo: pág. En cuanto al plural, las abreviaturas pueden formar su plural, el plural de pág. es págs. Otro ejemplo: EE. UU. no es una sigla, sino el plural de una abreviatura. El plural de las abreviaturas formadas por una sola letra se obtiene duplicándola las iniciales con un espacio entre cada par de letras: CC. OO. (Comisiones Obreras), JJ. OO. (Juegos Olímpicos), EE. UU. (Estados Unidos), VV. AA. (varios autores).
Una abreviatura consta de más de un elemento y debe colocarse un punto después de cada uno de ellos, y un espacio en blanco entre ellos. En cambio las siglas suelen escribirse sin punto entre las letras, y solo en el caso de ir integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: MEMORIA ANUAL DEL C.S.I.C., se hace sin dejar espacio.
En las siglas se pronuncian, generalmente, lo que está escrito, las letras o sílabas que las componen. Ejemplos: (ONU, RENFE). En las abreviaturas se lee la palabra entera. Ejemplo: etc. [ekzétera] Para decirlo más claro, mientras la lectura de las abreviaturas pronunciamos la palabra completa sin abreviar, las siglas pueden pronunciarse deletreando cada una de las siglas que la componen. Ejemplo: CFC (clorofluorocarbono) se lee [cé-éfe-cé] Así pues, las abreviaturas son palabras acortadas; pero las siglas son palabras completas tanto en la escritura como en el habla.
Una diferencia a destacar es que cuando la sigla no es pronunciable, se deletrea (NBA [éne-bé-á]). Sin embargo, no ocurre igual con las abreviaturas, así en la abreviatura de Estados Unidos de América (EE. por Estados y UU. por Unidos) no leemos como [É – É – Ú – Ú], sino que simplemente lo traducimos como Estados Unidos. En cambio las siglas no las traducimos sino las interpretamos tal y como están escritas, como en el caso de la URSS, que es una sigla y lo leemos como [ú-érre-ése-ése] Otros ejemplos: C.P., la traducimos directamente como [código postal], y no la leemos como [cé-pé]; c.c. lo traducimos como [cuenta corriente] no [cé-cé]
Otra diferencia importante es que las siglas y los acrónimos son formas fijas e invariables, no llevan tilde, las abreviaturas, sí. Ejemplo: pág. En cuanto al plural, las abreviaturas pueden formar su plural, el plural de pág. es págs. Otro ejemplo: EE. UU. no es una sigla, sino el plural de una abreviatura. El plural de las abreviaturas formadas por una sola letra se obtiene duplicándola las iniciales con un espacio entre cada par de letras: CC. OO. (Comisiones Obreras), JJ. OO. (Juegos Olímpicos), EE. UU. (Estados Unidos), VV. AA. (varios autores).
domingo, 22 de noviembre de 2009
Trabajo de investigación.
Laísmo, Leísmo y loísmo.
Una de las alteraciones más palpables que se producen con los usos vulgares del español tiene que ver con el uso de los pronombres Le, La y Lo.
Leísmo
– Le y Les funcionan, generalmente, como complemento indirecto tanto masculino como femenino. Así, decimos frases como “Le di un beso”, y nos podemos estar refiriendo a un hombre o una mujer, indistintamente. Y ocurre lo mismo con el plural: “Les di un libro”, a ellos, o a ellas. Ambas posibilidades son gramaticalmente correctas.
Los pronombres Le y Les –los cuales funcionan, como hemos dicho, como complemento indirecto- pasan a utilizarse como complemento directo masculino, refiriéndose a personas. De forma que, en vez de decir “Lo vi”, o “Los vi”, se dice “Le vi” (para él) o “Les vi” (para ellos). En vez de “A tus compañeros los conocí ayer”, decimos “A tus compañeros les saludé ayer”, incurriendo en el fenómeno que se ha denominado leísmo.
En cualquier caso, el leísmo no es un fenómeno especialmente reprobable y que, además está muy extendido, sobre todo en las zonas del sur de España. Si bien sí hay variaciones que son absolutamente aberrantes para el buen uso del idioma, como estas:
– El empleo de Le o Les como complemento directo femenino, de forma que digamos, en vez “Ayer la ví” (a tu hermana, por ejemplo), digamos “Ayer le vi”.
– El uso de Le o Les para hacer referencia a animales o cosas: “¿Has visto al gato?”, Sí, le he visto ahí fuera”. El uso correcto para este caso es, y debe seguir siendo, el uso de Lo.
Laísmo
En ocasiones, los pronombres La y Las (los que han de funcionar como formas del complemento directo femenino), pasan a funcionar como complemento indirecto femenino. Así, no es extraño escuchar “La cosí una falda” (a ella), o “Las dije unas palabras” (a ellas). Este error, al contrario que el uso más extendido del leísmo, es sumamente grave, y se denomina laísmo.
Loísmo
De la misma manera, los pronombres Lo y Los (las que, como dijimos, han de formar parte del complemento directo masculino) pasan a usarse como complemento indirecto masculino. “Lo dio una bofetada” en lugar de “Le dio una bofetada”. Es el mismo caso que veíamos con el laísmo, pero aplicado al género masculino, y se denomina loísmo, siendo igual de grave que el anterior.
Una de las alteraciones más palpables que se producen con los usos vulgares del español tiene que ver con el uso de los pronombres Le, La y Lo.
Leísmo
– Le y Les funcionan, generalmente, como complemento indirecto tanto masculino como femenino. Así, decimos frases como “Le di un beso”, y nos podemos estar refiriendo a un hombre o una mujer, indistintamente. Y ocurre lo mismo con el plural: “Les di un libro”, a ellos, o a ellas. Ambas posibilidades son gramaticalmente correctas.
Los pronombres Le y Les –los cuales funcionan, como hemos dicho, como complemento indirecto- pasan a utilizarse como complemento directo masculino, refiriéndose a personas. De forma que, en vez de decir “Lo vi”, o “Los vi”, se dice “Le vi” (para él) o “Les vi” (para ellos). En vez de “A tus compañeros los conocí ayer”, decimos “A tus compañeros les saludé ayer”, incurriendo en el fenómeno que se ha denominado leísmo.
En cualquier caso, el leísmo no es un fenómeno especialmente reprobable y que, además está muy extendido, sobre todo en las zonas del sur de España. Si bien sí hay variaciones que son absolutamente aberrantes para el buen uso del idioma, como estas:
– El empleo de Le o Les como complemento directo femenino, de forma que digamos, en vez “Ayer la ví” (a tu hermana, por ejemplo), digamos “Ayer le vi”.
– El uso de Le o Les para hacer referencia a animales o cosas: “¿Has visto al gato?”, Sí, le he visto ahí fuera”. El uso correcto para este caso es, y debe seguir siendo, el uso de Lo.
Laísmo
En ocasiones, los pronombres La y Las (los que han de funcionar como formas del complemento directo femenino), pasan a funcionar como complemento indirecto femenino. Así, no es extraño escuchar “La cosí una falda” (a ella), o “Las dije unas palabras” (a ellas). Este error, al contrario que el uso más extendido del leísmo, es sumamente grave, y se denomina laísmo.
Loísmo
De la misma manera, los pronombres Lo y Los (las que, como dijimos, han de formar parte del complemento directo masculino) pasan a usarse como complemento indirecto masculino. “Lo dio una bofetada” en lugar de “Le dio una bofetada”. Es el mismo caso que veíamos con el laísmo, pero aplicado al género masculino, y se denomina loísmo, siendo igual de grave que el anterior.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Alejandro Dumas (Padre)
Nació el 24 de julio de 1802 en Villers-Cotterêts, Aisne, Francia.
Era hijo de un General y nieto de un noble que se había radicado en Santo Domingo.
Su educación fue más basada en las lecturas, especialmente de aventuras de los siglos XVI y XVII, que realizó con profusión mientras trabajó con el Duque de Orleans, en París. Era también un asiduo concurrente a las representaciones teatrales y sus primeros escritos fueron obras de teatro. Escribió en este género, Enrique III y su corte, en 1829, y la pieza romántica Cristina, en 1830; ambas de gran éxito en las tablas de la época.
Fue un escritor muy prolífico, publicó alrededor de 1.200 volúmenes, aunque se supone que muchas de ellas fueron escritas en colaboración con otros escritores menores.
Pero la mayor fama en la literatura romántica francesa la alcanzó con sus novelas históricas: "Los tres mosqueteros" (1844) y "El conde de Montecristo" (1844).
Otras obras de éxito son, en teatro, "Antonio" (1831), "La torre de Nesle" (1832), "Catherine Howard" (1834), "Kean, o desorden y genio" (1838) y "El alquimista" (1839).
Fue nombrado como Dumas padre puesto que su hijo tenía el mismo nombre y también fue escritor.
Obtuvo por sus publicaciones enormes ingresos, pero apenas alcanzaban a pagar sus gastos, conservar la finca en las cercanías de París (Montecristo), mantener a numerosas amantes (una de las cuales era la madre de su hijo Alexandre), adquirir obras de arte y afrontar grandes pérdidas económicas en empresas riesgosas, lo que lo llevó a terminar sus días prácticamente en bancarrota.
Murió el 5 de diciembre de 1870.
Alexandre Dumas (Hijo)
(1824-1895)
Fue también dramaturgo francés de importancia.
Sus personajes presentan problemas de seres marginados y víctimas de los convencionalismos.
Es autor de "El hijo natural", "Las ideas de Madame Aubray" y "La dama de las Camelias", obra que se presenta en esta página.
Nació el 24 de julio de 1802 en Villers-Cotterêts, Aisne, Francia.
Era hijo de un General y nieto de un noble que se había radicado en Santo Domingo.
Su educación fue más basada en las lecturas, especialmente de aventuras de los siglos XVI y XVII, que realizó con profusión mientras trabajó con el Duque de Orleans, en París. Era también un asiduo concurrente a las representaciones teatrales y sus primeros escritos fueron obras de teatro. Escribió en este género, Enrique III y su corte, en 1829, y la pieza romántica Cristina, en 1830; ambas de gran éxito en las tablas de la época.
Fue un escritor muy prolífico, publicó alrededor de 1.200 volúmenes, aunque se supone que muchas de ellas fueron escritas en colaboración con otros escritores menores.
Pero la mayor fama en la literatura romántica francesa la alcanzó con sus novelas históricas: "Los tres mosqueteros" (1844) y "El conde de Montecristo" (1844).
Otras obras de éxito son, en teatro, "Antonio" (1831), "La torre de Nesle" (1832), "Catherine Howard" (1834), "Kean, o desorden y genio" (1838) y "El alquimista" (1839).
Fue nombrado como Dumas padre puesto que su hijo tenía el mismo nombre y también fue escritor.
Obtuvo por sus publicaciones enormes ingresos, pero apenas alcanzaban a pagar sus gastos, conservar la finca en las cercanías de París (Montecristo), mantener a numerosas amantes (una de las cuales era la madre de su hijo Alexandre), adquirir obras de arte y afrontar grandes pérdidas económicas en empresas riesgosas, lo que lo llevó a terminar sus días prácticamente en bancarrota.
Murió el 5 de diciembre de 1870.
Alexandre Dumas (Hijo)
(1824-1895)
Fue también dramaturgo francés de importancia.
Sus personajes presentan problemas de seres marginados y víctimas de los convencionalismos.
Es autor de "El hijo natural", "Las ideas de Madame Aubray" y "La dama de las Camelias", obra que se presenta en esta página.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Walter scott:
Novelista, poeta, historiador y biógrafo escocés, cuyo trabajo como traductor, editor y crítico, junto con sus novelas y poemas, hicieron de él una de las más prominentes figuras del romanticismo inglés. Nació el 15 de agosto de 1771 en Edimburgo. Trabajó como abogado y, más adelante, como secretario judicial, actividad que le dejaba mucho tiempo libre para escribir.
La actividad literaria de Scott se vio favorecida por su amplio conocimiento de las leyendas y las baladas medievales. Sus traducciones de romances góticos alemanes, en 1796, le crearon una cierta reputación como traductor, que aumentó cuando publicó su edición de las baladas Juglaría de la frontera escocesa, entre 1802 y 1803. Su primer poema extenso, El canto del último juglar (1805), obtuvo un notable éxito, y después de él escribió una serie de poemas narrativos románticos, de la que forman parte Marmion (1808), La dama del lago (1810), Rokeby (1813) y El señor de las islas (1815). En 1813 fue propuesto como poeta laureado de Inglaterra, pero rechazó el ofrecimiento, y recomendó a Robert Southey para que recibiera ese honor. Aparte de las traducciones de poetas extranjeros, realizó también ediciones de poetas ingleses, como la de los escritos de John Dryden, en 1808, y en 1814 las del autor satírico Jonathan Swift.
Dado que su fama como poeta fue decayendo, en gran parte debido al genio de Lord Byron, Scott comenzó a dedicarse más de lleno a la novela. Waverley (1814) abrió una nueva etapa de triunfos literarios para su autor, pues obtuvo un inmediato reconocimiento por parte de la crítica y el público. A ella le siguieron más de veinte novelas históricas escritas durante un breve periodo de tiempo, entre las cuales se cuentan Guy Mannering (1815), El viejo Mortalidad (1816), El corazón de Midlothian (1818), Rob Roy (1818), La novia de Lamermoor (1819), Ivanhoe (1820), Kenilworth (1821), Quentin Durward (1823) y La muchacha de Perth (1828). Su éxito se basaba en su indiscutible talento como narrador, su dominio del diálogo, su aguda observación de la sociedad y sus vivos retratos de gitanos, bandoleros y titiriteros. Según la crítica, Scott poseía un rico estilo literario que combinaba vigor, belleza lírica y claridad en las descripciones. Además de establecer los cánones de la novela histórica, el autor escocés contribuyó a la narrativa breve, fundamentalmente a través de dos historias, La viuda montañesa y Los dos arreadores. Aunque las publicó de forma anónima, su autoría quedó muy clara para sus contemporáneos. Obtuvo grandes beneficios por la venta de sus obras, beneficios que empleó en construir una enorme propiedad en Escocia, bautizada Abbotsford, de la cual en 1820 fue nombrado barón. Asociado a la firma de impresores de James Ballantyne y a la editorial de Archibald Constable, que sucumbieron a la crisis económica de 1826, rechazó ampararse en el fácil recurso de declararse en bancarrota, y estuvo pagando durante el resto de su vida una deuda de más de 120.000 libras esterlinas. En 1827 completó el poema épico Vida de Napoleón Bonaparte. Continuó escribiendo hasta que una serie de ataques acabó con su vida, el 21 de septiembre de 1832. Todas sus deudas quedaron saldadas, a través de la venta de los derechos de autor de sus obras, en el año 1847.
Novelista, poeta, historiador y biógrafo escocés, cuyo trabajo como traductor, editor y crítico, junto con sus novelas y poemas, hicieron de él una de las más prominentes figuras del romanticismo inglés. Nació el 15 de agosto de 1771 en Edimburgo. Trabajó como abogado y, más adelante, como secretario judicial, actividad que le dejaba mucho tiempo libre para escribir.
La actividad literaria de Scott se vio favorecida por su amplio conocimiento de las leyendas y las baladas medievales. Sus traducciones de romances góticos alemanes, en 1796, le crearon una cierta reputación como traductor, que aumentó cuando publicó su edición de las baladas Juglaría de la frontera escocesa, entre 1802 y 1803. Su primer poema extenso, El canto del último juglar (1805), obtuvo un notable éxito, y después de él escribió una serie de poemas narrativos románticos, de la que forman parte Marmion (1808), La dama del lago (1810), Rokeby (1813) y El señor de las islas (1815). En 1813 fue propuesto como poeta laureado de Inglaterra, pero rechazó el ofrecimiento, y recomendó a Robert Southey para que recibiera ese honor. Aparte de las traducciones de poetas extranjeros, realizó también ediciones de poetas ingleses, como la de los escritos de John Dryden, en 1808, y en 1814 las del autor satírico Jonathan Swift.
Dado que su fama como poeta fue decayendo, en gran parte debido al genio de Lord Byron, Scott comenzó a dedicarse más de lleno a la novela. Waverley (1814) abrió una nueva etapa de triunfos literarios para su autor, pues obtuvo un inmediato reconocimiento por parte de la crítica y el público. A ella le siguieron más de veinte novelas históricas escritas durante un breve periodo de tiempo, entre las cuales se cuentan Guy Mannering (1815), El viejo Mortalidad (1816), El corazón de Midlothian (1818), Rob Roy (1818), La novia de Lamermoor (1819), Ivanhoe (1820), Kenilworth (1821), Quentin Durward (1823) y La muchacha de Perth (1828). Su éxito se basaba en su indiscutible talento como narrador, su dominio del diálogo, su aguda observación de la sociedad y sus vivos retratos de gitanos, bandoleros y titiriteros. Según la crítica, Scott poseía un rico estilo literario que combinaba vigor, belleza lírica y claridad en las descripciones. Además de establecer los cánones de la novela histórica, el autor escocés contribuyó a la narrativa breve, fundamentalmente a través de dos historias, La viuda montañesa y Los dos arreadores. Aunque las publicó de forma anónima, su autoría quedó muy clara para sus contemporáneos. Obtuvo grandes beneficios por la venta de sus obras, beneficios que empleó en construir una enorme propiedad en Escocia, bautizada Abbotsford, de la cual en 1820 fue nombrado barón. Asociado a la firma de impresores de James Ballantyne y a la editorial de Archibald Constable, que sucumbieron a la crisis económica de 1826, rechazó ampararse en el fácil recurso de declararse en bancarrota, y estuvo pagando durante el resto de su vida una deuda de más de 120.000 libras esterlinas. En 1827 completó el poema épico Vida de Napoleón Bonaparte. Continuó escribiendo hasta que una serie de ataques acabó con su vida, el 21 de septiembre de 1832. Todas sus deudas quedaron saldadas, a través de la venta de los derechos de autor de sus obras, en el año 1847.
lunes, 9 de noviembre de 2009
El Monte de las Ánimas.
Atrio:
Espacio descubierto, y por lo común cercado de pórticos, que hay en algunos edificios.
Andén que hay delante de algunos templos y palacios, por lo regular enlosado y más alto que el piso de la calle.
Jirones:
Pedazo desgarrado del vestido o de otra ropa.
Sudarios:
Lienzo que se pone sobre el rostro de los difuntos o en que se envuelve el cadáver.
Breñas:
Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza.
Toscas:
Grosero, sin pulimento ni labor.
Joyel:
Joya pequeña.
Brocado:
Tela de seda entretejida con hilos de oro o plata o de seda más brillante formando dibujos de flores, animales o figuras geométricas: colgaduras de brocado; paño de brocado.
Espacio descubierto, y por lo común cercado de pórticos, que hay en algunos edificios.
Andén que hay delante de algunos templos y palacios, por lo regular enlosado y más alto que el piso de la calle.
Jirones:
Pedazo desgarrado del vestido o de otra ropa.
Sudarios:
Lienzo que se pone sobre el rostro de los difuntos o en que se envuelve el cadáver.
Breñas:
Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza.
Toscas:
Grosero, sin pulimento ni labor.
Joyel:
Joya pequeña.
Brocado:
Tela de seda entretejida con hilos de oro o plata o de seda más brillante formando dibujos de flores, animales o figuras geométricas: colgaduras de brocado; paño de brocado.
martes, 3 de noviembre de 2009
Definición de ritmo.
Es el orden acompasado en la sucesión de las palabras de una obra literaria. . En el verso se produce por la repetición periódica de pausas, de acentos, y de ciertos fonemas situados al final de cada verso. En la literatura española, y en la mayoría de las literaturas de origen románico, el verso está basado en la existencia de cuatro ritmos, que no tienen porqué aparecer coexistiendo en el poema. La aparición o no de ellos depende, fundamentalmente, de los gustos del poeta y, fundamentalmente, de la época. Estos cuatro ritmos están identificados con las cualidades del sonido, y son: El ritmo de cantidad, Lo marca el número de silabas métricas que tiene un verso. El ritmo de intensidad, Lo marca los acentos prosódicos, o de intensidad, que aparecen en el verso. Tanto su número como su situación son variables, pero siempre ha de aparecer un acento de intensidad en la penúltima sílaba métrica, llamado acento estrófico. El ritmo de tono, Lo marca la entonación de los grupos fónicos. La longitud de cada grupo fónico (y su significado) junto a las pausas determinan el tono de la estrofa. El ritmo de timbre, Lo marca la rima, que es la repetición total o parcial de ciertos fonemas al final de ciertos versos, a partir de la última vocal acentuada, o el acento estrófico.
jueves, 29 de octubre de 2009
Poema Rosalía.
Publico este poema de Rosalía de Castro, que hemos leído hoy en clase y me ha gustado mucho.
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?
Rosalía de Castro, 1808
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?
Rosalía de Castro, 1808
miércoles, 28 de octubre de 2009
Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer.
VII
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!
Escritores del Romanticismo.
ROSALÍA DE CASTRO
(1837 – 1885)
Nació en Santiago de Compostela. Fue bautizada con los nombres de María Rosalía Rita. hija de padres desconocidos. Muy poco se sabe de su educación. Se sabe que en la escuela mostró talento de versificadora. También le gustaba el dibujo, la música y la declamación.
Rosalía de Castro contrajo matrimonio con Manuel Martínez Murguía, erudito cronista de Galicia. Al año siguiente Rosalía da luz a su primera hija, Alejandra, a la que han de seguir seis hijos más. Su domicilio cambió varias veces, entre Madrid y Simancas. Rosalía nunca disfrutó de buena salud. Luchó siempre contra enfermedades, y a menudo con la penuria, vivió dedicada a su hogar, a sus hijos y a su marido, nunca aspiró a la fama. Su marido fue quien la convenció para que publicara sus obras. Murió de cáncer a los cuarenta y ocho años en su casa de Padrón, la cual hoy es un museo. Todos sus hijos murieron antes que ella, sin poder dejar herederos.
Compuso sus primeros versos a la edad de 12 años. A los 17 años ya era conocida en el "Liceo de San Agustín". por su primer libro; La Flor. y Follas Novas: es el título de su último libro que contiene su manera de ver la vida, en el muestra su esencia vital. Rosalía muestra una visión sombría de la existencia humana. En los Cantares, Rosalía asume la voz del pueblo gallego. Su obra maestra en castellano es En las Orillas del Sar, versos de tono íntimo, de extraña penetración, cargados de nocturna belleza. Merece ser considerada, al lado de Gustavo Adolfo Bécquer, como la precursora de la Modernidad e iniciadora de una nueva métrica castellana.
También, otros poetas como Duque de Rivas, forman parte del Romanticismo:
Duque de Rivas
- Angel Saavedra -
(España, 1791-1865)
Poeta y dramaturgo español romántico, más conocido por el duque de Rivas. Pertenecía a una familia aristócrata cordobesa. Realizó sus estudios en el Seminario de Nobles de Madrid y después ingresó en el Ejército. A pesar de su juventud se distinguió en la guerra de Independencia contra los franceses en 1808. Su amistad con Manuel José Quintana le orientó hacia las artes y la participación política liberal. Fue condenado a muerte por Fernando VII pero pudo huir. Marchó a Londres donde conoció la obra de Shakespeare, Walter Scott y lord Byron; después estuvo en Francia, Italia y Malta. En 1834 regresó a España, tras la muerte del rey y participó de lleno en la vida política; fue embajador en Francia, presidente del Consejo de Estado (1863) y director de la Real Academia Española, desde 1862 hasta su muerte. El duque de Rivas se inició en literatura con un libro de poemas, Poesías (1814), de corte neoclásico, tal vez por la influencia del poeta español Manuel José Quintana. Pero, desde su estancia en Inglaterra se volvió un romántico vigoroso, primero apasionado y original, y en sus últimos años más convencional en el uso de la aparatosa parafernalia romántica. En su larga oda Al faro de Malta (1828) establece la simbología de la luz del faro (liberalismo, romanticismo) que debe servir de guía y no perderse en el oscurantismo y métodos anticuados. El moro expósito (1834) sigue los caminos de Byron y su interés reside precisamente en haber sido introductor del estilo en España. Pero Ángel Saavedra es, ante todo, un dramaturgo; su drama Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) sigue siendo la obra romántica por excelencia del teatro español. Está escrita en prosa y verso y en ella se mezcla lo clásico y lo cómico al estilo del teatro de Lope de Vega, pero en ambientes exóticos y con un argumento exagerado de muertes, pasiones y tragedias muy del gusto de la época y que dado el éxito de la obra, tal vez, hizo que el autor siguiera escribiendo en la misma línea. En cualquier caso la obra tuvo repercusión internacional y años más tarde el compositor italiano Giuseppe Verdi la usó como argumento para la ópera La forza del destino.
(1837 – 1885)
Nació en Santiago de Compostela. Fue bautizada con los nombres de María Rosalía Rita. hija de padres desconocidos. Muy poco se sabe de su educación. Se sabe que en la escuela mostró talento de versificadora. También le gustaba el dibujo, la música y la declamación.
Rosalía de Castro contrajo matrimonio con Manuel Martínez Murguía, erudito cronista de Galicia. Al año siguiente Rosalía da luz a su primera hija, Alejandra, a la que han de seguir seis hijos más. Su domicilio cambió varias veces, entre Madrid y Simancas. Rosalía nunca disfrutó de buena salud. Luchó siempre contra enfermedades, y a menudo con la penuria, vivió dedicada a su hogar, a sus hijos y a su marido, nunca aspiró a la fama. Su marido fue quien la convenció para que publicara sus obras. Murió de cáncer a los cuarenta y ocho años en su casa de Padrón, la cual hoy es un museo. Todos sus hijos murieron antes que ella, sin poder dejar herederos.
Compuso sus primeros versos a la edad de 12 años. A los 17 años ya era conocida en el "Liceo de San Agustín". por su primer libro; La Flor. y Follas Novas: es el título de su último libro que contiene su manera de ver la vida, en el muestra su esencia vital. Rosalía muestra una visión sombría de la existencia humana. En los Cantares, Rosalía asume la voz del pueblo gallego. Su obra maestra en castellano es En las Orillas del Sar, versos de tono íntimo, de extraña penetración, cargados de nocturna belleza. Merece ser considerada, al lado de Gustavo Adolfo Bécquer, como la precursora de la Modernidad e iniciadora de una nueva métrica castellana.
También, otros poetas como Duque de Rivas, forman parte del Romanticismo:
Duque de Rivas
- Angel Saavedra -
(España, 1791-1865)
Poeta y dramaturgo español romántico, más conocido por el duque de Rivas. Pertenecía a una familia aristócrata cordobesa. Realizó sus estudios en el Seminario de Nobles de Madrid y después ingresó en el Ejército. A pesar de su juventud se distinguió en la guerra de Independencia contra los franceses en 1808. Su amistad con Manuel José Quintana le orientó hacia las artes y la participación política liberal. Fue condenado a muerte por Fernando VII pero pudo huir. Marchó a Londres donde conoció la obra de Shakespeare, Walter Scott y lord Byron; después estuvo en Francia, Italia y Malta. En 1834 regresó a España, tras la muerte del rey y participó de lleno en la vida política; fue embajador en Francia, presidente del Consejo de Estado (1863) y director de la Real Academia Española, desde 1862 hasta su muerte. El duque de Rivas se inició en literatura con un libro de poemas, Poesías (1814), de corte neoclásico, tal vez por la influencia del poeta español Manuel José Quintana. Pero, desde su estancia en Inglaterra se volvió un romántico vigoroso, primero apasionado y original, y en sus últimos años más convencional en el uso de la aparatosa parafernalia romántica. En su larga oda Al faro de Malta (1828) establece la simbología de la luz del faro (liberalismo, romanticismo) que debe servir de guía y no perderse en el oscurantismo y métodos anticuados. El moro expósito (1834) sigue los caminos de Byron y su interés reside precisamente en haber sido introductor del estilo en España. Pero Ángel Saavedra es, ante todo, un dramaturgo; su drama Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) sigue siendo la obra romántica por excelencia del teatro español. Está escrita en prosa y verso y en ella se mezcla lo clásico y lo cómico al estilo del teatro de Lope de Vega, pero en ambientes exóticos y con un argumento exagerado de muertes, pasiones y tragedias muy del gusto de la época y que dado el éxito de la obra, tal vez, hizo que el autor siguiera escribiendo en la misma línea. En cualquier caso la obra tuvo repercusión internacional y años más tarde el compositor italiano Giuseppe Verdi la usó como argumento para la ópera La forza del destino.
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